Mucho esfuerzo y nada. ¿Por qué?

Muchos piensan que para lograr mucho hay que hacer mucho, y esto no  necesariamente es así…

Si quieres lograr mucho,  tienes que hacer lo necesario.

Seguramente has observado personas que están siempre “haciendo” y no logran nada. Mientras otras, “haciendo” poco logran mucho y sus aportes tienen impacto positivo en la vida de ellos  y en la de muchas personas.

Nuestra sociedad sobrevalora la actividad, el esfuerzo. Se  admira a la persona que no para de hacer, aun cuando se observen pocos resultados relevantes.

La inactividad es en cierto modo descalificada. Nuestra cultura: educación, trabajo, nuestra vida están orientados al hacer y al adquirir siempre información y conocimientos. Se hace poco énfasis en la reflexión, autoconocimiento y autoconsciencia.

Sin embargo,  difícilmente nuestra vida o el mundo podrán  cambiar si no cambiamos la manera de percibirlos. Ambos están determinados por nuestra manera de pensar y sistema de creencias, los cuales  dependen a su vez, de nuestra historia familiar, experiencia, cultura, raza, nacionalidad, religión…

Los problemas, dificultades y el mundo que vemos son el reflejo de nuestros pensamientos. Las creencias y memorias emocionales determinan nuestra realidad: lo que observamos, lo que interpretamos y la respuesta que damos. Si bien es cierto que los pensamientos conscientes importan, los que determinan las circunstancias de vida son las creencias, pensamientos y emociones inconscientes reprimidos, negados y los asuntos no resueltos.

Esta es la razón por la que algunas cosas en tu vida las logras, simplemente se dan, sin que hagas ningún esfuerzo, y otras por mucho empeño que hagas, no las logras.

La neurociencia ha reconocido que el subconsciente controla el 95 por ciento de nuestras vidas.  Cuando algo en  la vida no funciona es porque  los pensamientos no están en sintonía con las leyes del universo. De aquí la importancia de sacar a la luz, pensamientos y emociones reprimidas.

Muchas veces deseamos algo, pero nuestros pensamientos inconscientes (y a veces conscientes) nos niegan la posibilidad del logro. O quizás hay una parte de nosotros (inconsciente) que no lo desea y lo obstaculiza, porque se cree que al ganar algo, se pierde algo.

Siempre que tenemos un deseo compulsivo, o cuando el deseo no es relajado, es porque hay duda de que podamos conseguir lo que deseamos. Hay dudas porque  esa parte de nosotros que no hemos visto, niega la realización de ese deseo.  No basta visualizar lo que queremos, es preciso darnos cuenta y develar, como nosotros mismos impedimos la realización de nuestros deseos.

Hay que reconocer si tenemos un conflicto interno, en el que nuestra voluntad consciente presiona hacia el logro, y nuestra voluntad inconsciente lo obstaculiza. Es probable que  veamos el obstáculo afuera,. Entonces  “alguien o algo afuera”  impide nuestro avance, y de nuevo caemos en la trampa y comenzamos a pelearnos con el “obstáculo”.  Y olvidando el objetivo. De esta forma la búsqueda de lo que queremos nos aleja aún más de nuestro propósito. Pues ahora nuestra mente no está puesta en el deseo, sino en lo que nos los impide.

Si quieres experimentar mayor bienestar y realización personal es preciso que te des cuenta de  tus miedos ocultos y emociones negadas a fin de transformarlos  y trascenderlos.  Es necesario revisar y entrenar la mente.

Hemos invertido el orden. Damos importancia al efecto en lugar de  la causa.  Dedicamos tiempo, recursos y esfuerzo al cuidado del cuerpo, la salud, la profesión, las metas, pero muy poco a mirar la causa de nuestra insatisfacción.

Buscamos donde no vamos a encontrar y aun cuando no encontramos, seguimos buscando. Quizá en otro lugar, pero no donde hay que buscar.

En nuestro interior, justo donde nos da miedo mirar, está la causa, la respuesta.  Cuando vemos lo que no hemos querido ver, podremos transformar y cambiar nuestra manera de estar en el mundo, conectar nuestra esencia y entrar en sintonía con el universo. 

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